Entendiendo las subastas hipotecarias

Ya en un post anterior en este mismo blog tratábamos el tema de las subastas, pero eran aquellas subastas inmobiliarias a modo “privado”, es decir, se trataban como una compraventa normal con pequeñas diferencias, aquí te dejo el enlace al post por si quieres echarle un vistazo, Subastas inmobiliarias privadas en #ittaGalicia a tu disposición”

Bueno el tema que tratamos hoy es diferente, ya que no se trata de una subasta privada, si no que se trata de una subasta hipotecaria, es decir, el final de la ejecución hipotecaria.

Primero de todo debemos entender que la ejecución hipotecaria es el procedimiento que usa nuestro acreedor mediante el cual reclama sus derechos que se habían garantizado con prenda al hipotecado por incumplimiento del hipotecado al no hacer las devoluciones de dicho préstamo según se había acordado en documentos de la hipoteca. Estos pagos son mensuales y la cantidad especificada se debe de devolver en dichos pagos mensuales.

Este tipo de ejecuciones hipotecarias no se hace en un día, lleva un proceso que muy habitualmente ocurre en un período no inferior a 2 años.

Lo primero es la demanda ejecutiva, este es el procedimiento que usa nuestro acreedor (el banco donde hemos firmado la hipoteca) presentando una demanda contra el deudor en los juzgados de la ciudad que corresponda. Esto ocurre tras el impago de 3 cuotas consecutivas y salvo que no se haya negociado nada con ellos.

En el procedimiento judicial el juez solicita una Nota Simple al Registro de la Propiedad donde se inscribiera en su día el inmueble objeto de ejecución, en este documento verá la carga que pese sobre dicho inmueble, en este proceso el banco puede hacer una cesión del crédito a alguna compañía (estas compañías suelen ser fondos de capital privado y por su “aprovechamiento de la situación” se les llamó “Fondos Buitres”, pero este es otro tema).

El siguiente paso, es la subasta y la adjudicación, el tema de las subastas judiciales es complicado y se debe de tener un alto conocimiento, no obstante, a grandes rasgos puedo decir que se debe de ofrecer un depósito o garantía del 30% del valor de la tasación. Esta tasación se hará ex-proceso para la subasta, es decir, no sirve una tasación para cualquier otra finalidad, ya que la tasación para subasta es diferente, debiera de dirigirte a este otro post en este mismo blog, verás que interesante… “La tasación inmobiliaria para subasta”

En la subasta pueden ocurrir varios escenarios. Que la subasta quede desierta (ocurre más veces de lo que te piensas), en este caso, el acreedor se puede adjudicar el inmueble al 60% del valor de tasación si es una vivienda habitual y al 50% del valor de tasación si se trata de solares. Por otro lado puede ocurrir que haya postores que pujen por un valor superior al 70% de la tasación, se lo quedará el que más puje (el mejor postor), pero si los pujadores ofrecen un valor inferior al 70% de la tasación, el ejecutado tendrá 10 días para encontrar un tercero que mejore las pujas y estas sean por encima del 70%.

Si no se encontrase este tercer personaje, el banco podrá solicitar la ejecución del bien por el 70% (60% si es vivienda habitual).

Por último viene la inscripción en el registro y el desahucio, cuando ya el bien está finalmente adjudicado, se hace un cambio de titularidad en el Registro de la Propiedad, después de esto se procederá al desalojo. De paso os dejo otro enlace que viene al caso escrito hace ya bastante tiempo… “Un piso embargado” y, ya que estamos, echarle un vistazo a “Que bienes son inembargables” creo que ambos serán de interés.

Si el importe obtenido en la subasta, superara el monto de la deuda pendiente, el sobrante sería para el deudor. Finalmente, se deben de tributar los impuestos oportunos, el ITP/AJD (Impuesto de Transmisiones Patrimoniales y Actos Jurídicos Documentados) y por IVA si el ejecutado es una persona jurídica. 

Que ofrecer… ¿menú o carta?

Es evidente que la elección de ofrecer un menú o una carta en nuestro restaurante o en nuestro hotel dependerá en gran medida de la capacidad de la cocina, de nuestros empleados, de nuestra calificación en el hotel… y de otras muchas cuestiones.

Dependiendo del tipo de cliente que tengamos, tendremos que ofrecer una u otra, pero ¿cuál?

Si nuestro cliente mayoritario es un comercial que está de paso (o incluso come la semana entera), estaría bien ofrecer menú, si nuestro cliente es más VIP, y nuestro hotel está calificado con más de 3 estrellas, sería más correcto ofrecer carta o… las dos cosas y que el cliente elija.

De cualquiera de las maneras, os voy a decir las diferencias de uno y otro y que cada uno ofrezca según le parezca.

El menú

Se caracteriza por tener una serie de platos ya establecidos de antemano, puede variar por días, por semanas… y casi siempre según estaciones.

Ofrece un primer plato (también llamado entremeses o entrante) donde se incluye sopas, caldos, potajes o algún tipo de “revueltos” o embutidos variados.

En el segundo plato, se puede ofrecer dos o tres pesados cocinados de diferente manera (brasa, frito o cocido), o también se pueden ofrecer diversas carnes, entre ellas, cerdo, pollo o ternera.

Postres, donde se incluyan los de “toda la vida” (flan, arroz con leche, natillas) o bien yogures, helados y que no falte la fruta de temporada.

Finalmente café o infusión.

Todo con bebida.

Este menú tiene un precio estipulado, dará igual lo que elijas, siempre valdrá lo mismo. Se encuentran ya cocinados y se sirven casi, casi al momento.

La carta

Es más complicada. Es más distintiva de calidad, buen hacer, incluso… de lujo.

En la carta, existirán diversos platos separados por grupos. Así, habrá potajes, pescados, carnes, pastas, mariscos, sopas, caldos, entremeses… y más que se me habrán pasado.

Dentro de cada grupo de alimentos puede haber uno que sea el mismo, pero preparado de diferentes maneras (por ejemplo, merluza a la plancha, merluza a la gallega, merluza horneada).

Cada plato tiene un precio diferente. Aquí elijes un primer plato, un segundo plato, un postre y se sumará cada cosa (no te olvides de sumar el café o infusión y la bebida).

En este caso, la cocina prepara cada plato según el comensal lo solicite, con lo cual, la cocina que sirve “a la carta” tardará un tiempo en servirnos, usualmente, más de media hora.

Es por este detalle, que empezaba este post diciendo que la elección de menú o carta dependerá en gran medida de nuestras cocinas y de nuestro personal. 

No olvidemos que tenemos una tercera opción…

El buffet

Normalmente, se sirve buffet en los hoteles pero solo en el caso de los desayunos (al menos en Galicia que es donde resido, trabajo y conozco). 

Sin embargo, sería una solución bastante socorrida a la hora de las comidas o cenas. El comensal coge lo que come y paga una tarifa prefijada. 

Lo veo especialmente útil en el supuesto de los hoteles que trabajan con grupos y que pagan una determinada cantidad por hospedaje todo incluido (pensión completa).

De cualquier manera, y como digo siempre, que cada uno elija adaptándose a sus necesidades.